Hoy, día 14 de marzo, es el día en el que, en todas las partes del mundo, se homenajea al que es posiblemente el número real más citado en toda la historia de las matemáticas. Hoy, 14 de marzo, es el día de Pi. Y lo es porque, escrito en notación estadounidense, el día de hoy es 3-14, que corresponde con una aproximación de Pi a dos decimales.

Como decimos, esta convocatoria de celebración anual del día de Pi se hace a nivel mundial, y son muchas las actividades que se realizan gracias a ellas: se programan conferencias sobre Pi, se convocan concurso de relatos y audiovisuales con Pi como protagonista, se realizan publicaciones relacionadas con Pi en multitud de redes sociales, se escriben artículos relacionados con Pi (como este), etcétera. Por poner un ejemplo patrio, desde el año pasado en España tenemos la iniciativa Sin Pi no soy nada, impulsada por varias instituciones, que organiza distintos tipos de actividades relacionadas con Pi.

Lo que os voy a contar hoy sobre Pi, este número conocido principalmente por ser la razón entre la longitud de una circunferencia y su diámetro, es una sencilla manera de calcular una aproximación suya en casa y utilizando instrumentos que todos tenemos a mano. Y quizás lo más curioso de la misma es que no tiene nada que ver con circunferencias, que es lo que uno habría esperado sabiendo la relación tan íntima que tiene este número Pi con las cosas redondas. En realidad, el tema va de rectas y probabilidad.

Pero antes vamos con un poquito de historia, que la cuestión que estamos tratando tiene ya un tiempo. Corría el año 1733 cuando el naturalista francés Georges Luis Leclerc, más conocido como conde de Buffon, se plantea el siguiente problema:

“Dibujamos en el suelo (nos valdría cualquier superficie plana) líneas rectas paralelas tal que la distancia entre cada dos consecutivas sea siempre la misma. Ahora, tiramos al azar una aguja en ese suelo. ¿Cuál es la probabilidad de que esa aguja corte a alguna de las líneas?

Como veis, no aparecen circunferencias por ningún lado, solamente líneas rectas y el cálculo de cierta probabilidad.

El propio Buffon resolvió el problema en 1757, y en dicha resolución se aprecia que el resultado depende de la longitud de la aguja que lanzamos (algo que, por otra parte, parecía evidente). Nosotros nos vamos a quedar con el caso más sencillo: vamos a tirar una aguja que mide lo mismo que la distancia entre dos líneas consecutivas.

Fuente: elpais.com

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